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UN FRAGMENTO DE FRAGMENTOS SOBRE LA MEMORIA TEJIDA...



Un fragmento de fragmentos sobre la memoria tejida :
Colombia, como muchos otros espacios de este mundo, está cruzada por una violencia endémica y un ámbito de impotencia y amargura. Impotencia ocasionada por recordar escenas de mucho dolor y ultrajes de todo tipo y tener prohibido hablar. Amargura, por vivir repetidamente en la miseria y el desplazamiento y no ser capaces de compartir los dolores de esas experiencias vitales. Esta es la generalidad, pero hay pequeñas voces que intentan "dibujar" sus experiencias de dolor. Eso es lo que hicieron las mujeres sobre las que Hollman Morris hizo el documental (en youtube):


"Contravía:Mujeres desplazadas de Mampuján; ahora pueblo fantasma"



 
Cuando lo vi, recordé la Metamorfosis de Procne y Filomena, en la que por medio de un tejido, la segunda encuentra una manera de narrar su dolor y la violación que había sufrido por parte de Tereo. Éste le había cortado la lengua para que no dijera nada y la había encerrado en un establo de “sólida roca”. Por el tejido, Filomena logró narrar a su hermana Procne lo que el esposo de ésta le había hecho. Después de una venganza tan dolorosa como el acto de Tereo, todos sufren metamorfosis: se convierten en pájaros.

En el libro que actualmente leo, Me llamo Rojo (Orhan Pamuk), hay un capítulo en el que un ilustrador reflexiona sobre la ceguera y la memoria. Hablando con un amigo justamente sobre ésta última, vino a mi mente ese fragmento. Lo leímos y resultó muy significativo al pensarlo en el contexto del problema de la memoria colectiva en Colombia, de qué es lo que se autoriza ser recordado y cómo se manipulan esos recuerdos. La lectura descontextualizada del mundo de ficción de esa novela quedó ahí dando vueltas en mi mente y pensé que valía la pena compartir tan sugestivo fragmento, sobre todo después de ver el documental de Morris.

En Me llamo Rojo, Aceituna explica la sentencia: "al auténtico ilustrador se le reconoce cuando habla de la ceguera y la memoria". Según comenta, "Antes de la pintura solo existía la oscuridad y después de la pintura solo existirá la oscuridad. Con nuestros pigmentos, nuestro talento y nuestro amor, recordamos la orden que Dios nos dio: !Ved¡ Recordar es saber lo que se ha visto. Saber es recordar la oscuridad. Los grandes maestros, que aman la pintura y que son conscientes de que los colores y la vista están hechos de oscuridad, quieren regresar a la oscuridad divina a través de los colores. El que no tiene memoria no recuerda a Dios ni su oscuridad. La pintura de todos los grandes maestros busca en sus colores esa profunda negrura fuera del tiempo. Dejadme que os explique lo que significa recordar esa oscuridad que encontraron los antiguos grandes maestros de Herat [...]”

Otro recuerdo entonces vino a mi mente: Funes. Ese personaje de Borges que por recordar todo no sabía nada. Él vivía el pasado una y otra vez. La prodigiosa memoria lo condenaba a la inacción y la impotencia. En Colombia hay un montón de gente que guarda un gran resentimiento por no poder pintar la oscuridad, por un olvido impuesto. Allí no hay posibilidad de distinguir colores y de, a través de ellos, regresar a alguna redención, porque la memoria no se manifiesta y, por lo tanto, no se tiene noción de lo absoluto. Algunas cosas se han hecho últimamente, pero es tanto dolor que lo que se reproduce con mucha facilidad es la violencia y no la redención y el perdón. Tendrían que haber venganzas terribles para que algún día todos nos convirtiéramos en pájaros y nos liberáramos, como Procne y Filomena.

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