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COLOMBIA Y SUS POETAS-INTELECTUALES I.

Revisando compilaciones y artículos críticos sobre vanguardia, para el dossier del último número de Nostromo, me encontré un rapidísimo, sintético y muy atinado recuento de la historia intelectual Colombiana hecho por Armando Romero. El texto, con un tono fascinante y corrosivo, además de una sonrisa, me produjo muchas ganas de compartirlo. Creo, muestra cómo una literatura que se proclama como colombiana (y sus mecanismos de institucionalización y reproducción) no es en realidad ni parte y ni producto de una experiencia colectiva de los habitantes de este territorio agrupado bajo el nombre de Colombia….
… Ahí van los apartados:
“La historia de Colombia, que señala su independencia dinámica a manos de Bolivar a principios del siglo XIX, no será de allí en adelante más que la sucesión de políticos siguiendo las líneas económicas de turno, en labor de vigilancia de sus propios intereses y el de sus patrones. Con ligeros rasgos de liberalismo en algunos momentos, no hay nada de mención en este viaje al fondo de la noche, y los nombres será mejor no recordarlos. Las guerras civiles vienen a matizar el cuadro con sus muertos sin justicia ni razón.
Parecerá crudo, ligero, despiadado o parcializado este análisis expresionista de la situación colombiana, pero no hay otra verdad a mano que sirva para revelar lo que realmente es este país, que por años se ha ufanado de estar poblado de humanistas, poetas e intelectuales de más alto coturno y prosapia; lo único cierto es que, amparándose en el nombre de unos cuantos científicos, dramáticos y poetas del siglo pasado [XIX], la burguesía nacional –semifeudal y reaccionaria hasta decir Jesús— ha vendido internacionalmente un cuadro publicitario que le sirve sólo para ampararse frente a una realidad de analfabetos miserables, de niños tirados en la calle, de porstitutas de a dos por cinco y viciosos de toda calaña y efecto. Y nada ha cambiado, con más extraña y comprensible razón para los entendidos si pensamos que entre los presidentes de este siglo [XX] (véase el caso de Laureano Gómez, que perteneció al grupo de “El Centenario”, y el de Alberto Lleras, fundador del grupo de “Los Nuevos”). Hoy como ayer, al escritor colombiano sólo le queda tiempo para el exilio, un puesto en la empresa privada y la renuncia a toda posibilidad de influir en su país.
Ahora bien: es necesario volver a repetir que la hipocresía de la clase dominante colombiana siempre presentó una imagen de maravillas, ayudada por una intelectualidad que de una u otra manera le era fiel; pero la realidad es distinta.[….]”
Y para la muestra un botón: http://estaticos01.cache.el-mundo.net/america/imagenes/2010/07/23/venezuela/1279826527_0.jpg
En: Armando Romero, “Ausencia y presencia de las vanguardias en Colombia”, en Hubert Pöppel (ed.), Bibliografía y antología crítica de las Vanguardias Literarias. Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, Editorial Vervuert-Iberoamericana, 1999.

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