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Los Autos contra los peatones: acá es entre París-Berlín de finales del xix, pero bien puede ser el DF. hoy. Una Especulación de Alfred Jarry

El nuevo microbio. Los peatones reventantes
El nuevo microbio. Una enfermedad que propaga el terror.
"[...] Los peatones reventantes. La opinión pública se conmovió durante la carrera de automóviles París-Berlín, por el siguiente incidente: en una de las ciudades neutralizadas, un niño de diez años quiso cruzar delante de uno de los vehículos
que corría a la velocidad muy moderada de doce kilómetros por hora, y se murió inmediatamente.
Esta es, a nuestro parecer, una cosa excelente, por las razones que vamos a exponer. Los que paseaban en bicicleta o en biciclo en los años 1888 o 1889, eran insultados en lengua perruna, mordidos e incitados a caerse, hasta el momento en que los perros, como se constata hoy en día, tomaron el hábito de hacerse a un lado para dar paso al nuevo aparato locomotor. Cumplimentada la educación canina, las fustas y otros adminículos de defensa del ciclista de esos tiempos pasados han podido ir a unirse a los desarma-neumáticos de la edad de piedra.
El ser humano adulto ha llegado, aunque más lentamente que su compañero cuadrúpedo, a dejar el paso libre a los vehículos rápidos. El hombre a pie no hormiguea más que en manadas en las sendas ciclables. Sin embargo, el oso es más común allí, cerca de las casillas rodantes de los nómades, y nosotros encontramos un día, a despecho de los reglamentos, hasta a un caballo montado por un oficial francés.
El ser humano de corta edad, el niño, ya que hay que llamarlo por su nombre, ejercita su coraje para guerras futuras atravesando, desafiantemente, las rutas delante de los ciclomotores y los automóviles. Notemos que a semejanza de algunos pueblos salvajes que manifiestan su valor mostrándole sus traseros al enemigo, pero que no recurren a esta temeridad muy cerca del enemigo, el niño solo se divierte corriendo ese peligro cuando el mismo está todavía lejos, es decir, cuando el vehículo va a tardar en llegar. El accidente de París-Berlín se ha producido, lógicamente, por consecuencia de la absurda idea de “neutralizar” las ciudades. Y es asimismo extraordinario que un solo niño, y no diez mil personas que han alcanzado hace tiempo lo que hemos convenido en llamar la edad de la razón, haya brincado delante de los corredores que les daban tiempo para hacerlo. Por el contrario, se notará que ninguna colisión tuvo lugar en la ruta, recorrida a casi cien kilómetros por hora.
Agreguemos, para justificar nuestro título, que el peatón corre menos riesgos que el ciclista o el chofer; se exponga a una simple caída desde su altura y no a una proyección fuera de un aparato de velocidad, ni a la rotura de ese aparato precioso; entonces, hasta el día en que esta locura de dejar circular gente a pie no haya cesado, o al menos, no lo hagan munidos de autorización previa, placa indicadora, freno, cascabel, trompeta y linterna, tendremos que vencer ese peligro público: el peatón reventante.

DEL NÚMERO DE artefacto 3 de 1999, DEDICADO A LA PATAFÍSICA.://www.revista-artefacto.com.ar/revista/indice/?p=3

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