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“Lisbon Story” Wim Wenders (1994)

Película sobre una película, Lisbon Story narra periplos de dos cineastas extranjeros en Lisboa, lugar que intentan captar. Uno percibe imágenes mudas, el otro atrapa los sonidos, cada uno es incapaz de tener una impresión del cuadro completo, es decir, de la suma de las imágenes y los sonidos que cruzan esa ciudad. Por  eso, mientras están separados, a los dos personajes les es imposible decir algo sobre ese espacio que transitan. Lisboa no se muestra, Lisboa pasa, vive, hace ruido, pero es totalmente ajena a cada uno. Al principio vemos a Winter atrapar sonidos que únicamente se llenan cuando hallan las imágenes que les corresponden, esas que había recogido Friedrich. Entre la búsqueda que Winter, y sus sonidos, emprende en busca de Friederich, y las imágenes, se intercalan una historia de amor y muchos ámbitos, para mi gusto, poéticos.
Esta película recrea la experiencia de sentirse fuera de determinado lugar estando ahí, con ella recordé la particular sensación de viajar sola y andar por calles extrañas. De ahí que una de las escenas más memorables sea, para mí, el monólogo en que se afirma: “la soledad es una condición para hacer lo que estoy haciendo. ¿Quién está listo para perderse y entrar en la vida de una ciudad si no es un solitario?”
La película está plagada de encantadores absurdos entre los que recuerdo dos escenas:

  • Friedrich metido en un mini-auto azul aguamarina, de tres ruedas, escuchando una grabación de Winter que proviene de una bolsa plástica.
  • Winter en el cuarto de una vieja casa, sentado, leyendo Pessoa, envuelto en una toalla verde con un sombrero y rodeado de muchos baldes que recogen el agua que cae de varias goteras.

Como me suele pasar con los personajes torpes, con Winter me sentí identificada.


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