Ir al contenido principal

Más de los peseros del DF

 
En la entrada de febrero de 2010 comenté algo sobre los viejos peseros de México Distrito Federal, pues bien esto es una especie de continuación.

Una pareja de amigos estuvo de visita hace poco y tuvo la desgracia de que el primer medio de transporte que tomaron no fue el gran Metro, ni alguno de los nuevos metrobuses, tampoco el lindo trole, sino uno de esos viejos y alucinantes peseros. Me contaron que tenía las latas sueltas y ella se lastimó un pie al caminar por el corredor. Por más que protestaron, no lograron hacer que el conductor de un simple martillazo la aplanara, por eso, unas cuadras después se subió un viejo que cayó de bruces porque tropezó con la misma lata. Las protestas incrementaron, pero tampoco fueron suficientes para sacar al conductor de su desidia. Él siguió transportando pasajeros maltratados por su lata suelta y aguantando sus protestas, quizá, por semanas o por meses... He meditado sobre ese comportamiento, tal vez era originado por un deseo oscuro del conductor del pesero de hacer valer su autoridad como dueño del bus y no le apetecía hacer caso a los reclamos de pasajeros con los pies cortados y las narices sangrantes. Es posible que muy temprano en la mañana al comenzar a trabajar, él mismo levantara alguna lata para poner un poco de “picor” a su monótono trabajo y poder burlarse de los accidentados pasajeros. Aunque, francamente, para emociones, deberían ser suficientes las que se derivan de moverse diariamente entre dos millones de autos al mando de conductores que no saben manejar, porque, por cierto, en esta ciudad no es necesario saber conducir para transitar en un flamante auto por cualquiera de sus calles y avenidas. Calles y avenidas que cubrieron los lagos y canales que alguna vez ocuparon el valle donde estuvo Tenochtitlán y que no son suficientes, pues ya van construyendo segundos pisos... Pero esos tampoco lo serán, cada persona dentro de poco tendrá dos o tres autos... ¿Cómo van a andar? ¿Será que construirán terceros pisos?


Comentarios

Entradas populares de este blog

El desamparo: Kara Kitap de Pamuk

El libro negro, que leí en traducción de Rafael Carpintero, debería llamarse el libro del desamparo. La historia habla de Galip, un héroe que se convierte en un vagabundo extranjero, en los espacios en los que siempre había habitado. Caminando con él por su Estambul, en su progresiva desorientación, podemos sentirnos como cuando estamos solos recorriendo una ciudad que visitamos por primera vez, donde no conocemos a nadie y vamos dando tumbos. En las novelas de Pamuk encontramos hombres desamparados, enamorados no correspondidos u obsesionados con amores imposibles. En este caso, la aventura de Galip comienza con el abandono de su esposa Rüya, que lo deja en orfandad. Después de este abandono, para Galip las señales del mundo van perdiendo el sentido que antes tenían y se presentan de una forma confusa. Son las mismas personas, los mismos escenarios, pero hay algo que se muestra distinto: el tiempo se dilata, una cara puede en un instante parecer una y, en otro, tener una forma totalm…

Ciclón y decir lo innombrable

Francy L. Moreno H., “Ciclón y decir lo innombrable. De la homosexualidad a la función crítica del escritor” Gaceta del Caribe (La Habana), núm. 6 (noviembre – dicembre, 2015).
En:
http://redensayo.org/2016/04/07/ciclon-y-decir-lo-innombrable-de-la-homosexualidad-a-la-funcion-critica-del-escritor-de-francy-l-moreno-h/

En:
http://www.uneac.org.cu/sites/default/files/pdf/publicaciones/gaceta-6-2015.pdf

Primero estaba el mar de Tomás González

Entre todas las novelas de Tomás González, la mejor es Primero estaba el mar. Tiene la forma de una tragedia clásica en la que el agua funge como coro y describe un proceso de apresuramiento hacia una caída, un hundimiento. El rumor del mar nos acompaña a lo largo de la lectura. Pero el destino del héroe no lo determinan dioses, sino un ámbito agobiante. Al dejar en el agua la función del coro, al hacerla testigo de los hechos que acompaña los estados de ánimo de los personajes principales, González logra producir unas sugestivas escenas. Además, el agua es, en esta historia, una metáfora del fluir de la energía, aquello que está al comienzo y al final de la vida. De ahí que el epígrafe anuncie:

“Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni plantas. El mar en todas partes. El mar era la madre. La madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era el espíritu de loque iba a venir y ella era pensamiento y memoria.” Cosmología Kogui.

No me gustaron …