Ir al contenido principal

Suicidio de metro



En el Distrito Federal, como en muchas ciudades, cada tanto alguien tiene la ocurrencia de tirarse al metro, pues para ese alguien esa resulta ser la forma más eficaz de acabar definitivamente con su inaguantable y agobiante vida. El lunes 14 de febrero del año en curso fue uno de esos días en que un fulano decidió que el desdichado conductor, que a las 12:45 del medio día manejaba el tren en dirección Indios verdes - Universidad y pasaba por la estación Zapata, se convertiría en su asesino.

En el justo momento en que aquel habitante de esta enorme urbe se arrojaba a los rieles, yo me encontraba saliendo del ámbito apacible de la Biblioteca México e ingresando en la agitada y ruidosa plaza en la que se encuentra la estación Balderas. Tenía el tiempo justo para llegar a un almuerzo, caminé rápidamente a esa estación, me metí al túnel y me introduje en uno de los vagones. A los 5 minutos de inmovilidad, las bocinas anunciaron que el servicio se suspendería por lo menos una hora porque había ocurrido un accidente en la estación Zapata. Decepcionada, descendí y corrí a tomar rápidamente el metro bus. En realidad, el incidente para mí no fue grave porque sólo me retrasé unos 15 min., para la movilidad de la ciudad fue apenas un percance y una hora después todo funcionaba como antes del lamentable incidente.

Después, reflexionando sobre la penosa situación, concluí que, al final, el suicida había logrado su cometido y la ciudad seguía su lioso ritmo. Pero para quien sí debió ser algo trascendental fue para el involuntario asesino ¿Por qué castigaba el suicida a un conductor de Metro haciéndolo responsable de su muerte? Quizá se trataba de una insólita venganza personal. Pero si no lo era, aun cuando la empresa del metro diera asistencia psicológica a aquel infeliz, el peso de cargar con un muerto no debe ser tan sencillo. Encima, ver el vehículo que uno conduce arrollar y despedazar un cuerpo tampoco ha de ser algo que se pueda olvidar fácilmente. Y entonces, me surgió la pregunta: ¿Con qué derecho un suicida le amarga la vida a un conductor de metro? La respuesta es que era un egoísta.

De cualquier forma, somos tantos en el planeta que deberían haber facilidades para suicidarse de una forma más digna, sin hacer semejante espectáculo y, sobre todo, sin perturbar la existencia de un extraño. ¿Por qué los gobiernos no implementan programas de suicidio con métodos más limpios, como una simple inyección, o más placenteros, como una sobredosis de Heroína o Morfina? Eso sería mucho más limpio, práctico y hasta económico.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El desamparo: Kara Kitap de Pamuk

El libro negro, que leí en traducción de Rafael Carpintero, debería llamarse el libro del desamparo. La historia habla de Galip, un héroe que se convierte en un vagabundo extranjero, en los espacios en los que siempre había habitado. Caminando con él por su Estambul, en su progresiva desorientación, podemos sentirnos como cuando estamos solos recorriendo una ciudad que visitamos por primera vez, donde no conocemos a nadie y vamos dando tumbos. En las novelas de Pamuk encontramos hombres desamparados, enamorados no correspondidos u obsesionados con amores imposibles. En este caso, la aventura de Galip comienza con el abandono de su esposa Rüya, que lo deja en orfandad. Después de este abandono, para Galip las señales del mundo van perdiendo el sentido que antes tenían y se presentan de una forma confusa. Son las mismas personas, los mismos escenarios, pero hay algo que se muestra distinto: el tiempo se dilata, una cara puede en un instante parecer una y, en otro, tener una forma totalm…

Ciclón y decir lo innombrable

Francy L. Moreno H., “Ciclón y decir lo innombrable. De la homosexualidad a la función crítica del escritor” Gaceta del Caribe (La Habana), núm. 6 (noviembre – dicembre, 2015).
En:
http://redensayo.org/2016/04/07/ciclon-y-decir-lo-innombrable-de-la-homosexualidad-a-la-funcion-critica-del-escritor-de-francy-l-moreno-h/

En:
http://www.uneac.org.cu/sites/default/files/pdf/publicaciones/gaceta-6-2015.pdf

Primero estaba el mar de Tomás González

Entre todas las novelas de Tomás González, la mejor es Primero estaba el mar. Tiene la forma de una tragedia clásica en la que el agua funge como coro y describe un proceso de apresuramiento hacia una caída, un hundimiento. El rumor del mar nos acompaña a lo largo de la lectura. Pero el destino del héroe no lo determinan dioses, sino un ámbito agobiante. Al dejar en el agua la función del coro, al hacerla testigo de los hechos que acompaña los estados de ánimo de los personajes principales, González logra producir unas sugestivas escenas. Además, el agua es, en esta historia, una metáfora del fluir de la energía, aquello que está al comienzo y al final de la vida. De ahí que el epígrafe anuncie:

“Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni plantas. El mar en todas partes. El mar era la madre. La madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era el espíritu de loque iba a venir y ella era pensamiento y memoria.” Cosmología Kogui.

No me gustaron …