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Escena romántica


Salgo de la Staatbibliothek, camino hacia la Eichornstrasse. Cuando estoy llegando al semáforo levanto la vista del suelo y veo una chica que habla por celular y al tiempo hace señas en dirección diagonal, hacia la Ben-Gurionstrasse. Al otro lado hay un chico que después de mover su cabeza en distintas direcciones, de tratar de enfocar la vista, responde a las señas de ella. Entonces la chica sonríe cruza la calle y el chico hace lo propio. Se encuentran en el separador que divide la Potsdamerstrasse. Se dan un beso apasionado. Él la atrae hacia sí cogiéndole la cola. Ella lo abraza del cuello. Se besan. Yo los miro por unos segundos y pienso en lo diminutos que se ven en esa gran avenida gris que tiene a un lado un enorme complejo de edificios de vidrio y al frente una mole de proporciones similares en la que está un Hotel Hyatt. Al parecer para ellos todo aquel derroche arquitectónico, que algunos turistas miran con mucho interés mientras sacan fotos, no existe. La pasión del encuentro ha anulado el mundo circundante. Eso debe ser lo más parecido a sentirse el centro del universo. Bueno, habría que reconocer que estar parados en el separador gris donde pasan autos en distintas direcciones y con esos desmesurados edificios a lado y lado, le da cierta espectacularidad al encuentro romántico. Yo veo esas dos pequeñas almas, soy testigo de su instante de felicidad y siento envidia mientras camino solitaria hacia la estación del S-Bahn.

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