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Turismo y pobreza contemporánea



Zinacantán-Chiapas-México, algún día de febrero de 2013.

Unos turistas llegan a un pueblo que está en las cercanías de San Cristobal de Las Casas. Van en busca de tejidos, pues los de la comunidad Tzolzil, que habita el lugar, son famosos. Tan pronto se bajan del auto, una chica sin dientes y con cuatro niños muy pequeños detrás de ella los aborda y ofrece llevarlos a su casa a mostrarles su taller y algunas de sus telas. Ellos le dicen que muchas gracias, que la buscarán después de desayunar. Acuerdan encontrarse cerca de la iglesia en el centro del pequeño poblado. Ellos van a desayunar y se dirigen a su cita, para cumplir con el compromiso, pero no la encuentran. Entonces los aborda otra muchacha tzolzil que les dice que la chica se fue con otros turistas y que no vendrá. Ellos insisten en que igual esperarán a la mujer de los cuatro niños pues ya habían hecho un compromiso. Esperan aproximadamente 5 minutos y como no aparece, van con la segunda, total, las dos están ataviadas con lindas prendas. Por las prendas que lucen, las dos prometen una calidad similar en lo que a tejidos compete. Caminan por algunas calles empedradas y después por unas de tierra. Llegan a una casa de baharque sin piso donde cuelgan a lado y lado magníficas camisas, bolsas, chales... La guía muestra no sólo prendas sino además enseña el viejo telar que usó para hacerlas. Ella misma disfraza a los visitantes con trajes estilo tradicional y los turistas toman unas cuantas fotos. Compran camisas, bolsas y demás. Todo a precio irrisorio... Al final, uno de los visitantes pide el baño, los otros esperan. Salen y caminan satisfechos con sus compras, sintiéndose bien por haber ayudado a la economía de una casa humilde. La chica, también satisfecha, cuenta su dinero y hace algunos cálculos en un teléfono moderno. Uno de los visitantes comenta con su amigo —el que fue al baño– que, por lo que acaba de ver, la pobreza no es terrible en Chiapas, pues la chica tenía un teléfono bastante tecnológico. El que acaba de salir del baño contesta: “pero claro, lo que no te fijaste, es que no había agua corriente en su casa”. 
En ese mismo instante, la otra mujer tzozil y los cuatros niños esperan por los mismos turistas al lado de la iglesia.

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