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El desamparo: Kara Kitap de Pamuk

El libro negro, que leí en traducción de Rafael Carpintero, debería llamarse el libro del desamparo. La historia habla de Galip, un héroe que se convierte en un vagabundo extranjero, en los espacios en los que siempre había habitado. Caminando con él por su Estambul, en su progresiva desorientación, podemos sentirnos como cuando estamos solos recorriendo una ciudad que visitamos por primera vez, donde no conocemos a nadie y vamos dando tumbos. En las novelas de Pamuk encontramos hombres desamparados, enamorados no correspondidos u obsesionados con amores imposibles. En este caso, la aventura de Galip comienza con el abandono de su esposa Rüya, que lo deja en orfandad. Después de este abandono, para Galip las señales del mundo van perdiendo el sentido que antes tenían y se presentan de una forma confusa. Son las mismas personas, los mismos escenarios, pero hay algo que se muestra distinto: el tiempo se dilata, una cara puede en un instante parecer una y, en otro, tener una forma totalmente distinta. Galip comienza a presentir que ya no es el mismo y, “por aquellos días escuchaba su propia voz como si fuera la de otro[...]” (p. 40). Después, el mundo se le aparece como materialización de los escenarios descritos por las columnas de su primo Celâl, que como Rüya, también se había desvanecido y Galip siente  "que Celâl había construido los muros de aquel mundo, en el que se ocultaba y cuya llave escondía, a fuerza de años de dar nombre a los objetos uno por uno y de contar historias en sus columnas” (p.281). Galip vive un proceso de desorientación en el que hasta su ciudad, Estambul, se le manifiesta "una ciudad completamente distinta” (p. 427). Así, el abandono se convirte en la búsqueda de un sentido perdido y en el proceso de conversión en otro. Se da entonces una metamorfosis que no es en piedra, como Niobe, ni en flor, como Narciso, sino en su primo Celâl, un cronista.
Las reflexiones de Galip, que hablan sobre los confusos espacios, el tiempo, el significado de las cosas, van envolviendo al lector hasta que lo hacen compartir la ansiedad del protagonista: ¿Quién es Galip? ¿Quién Celâl y quién Rüya? Quizás solo prisioneros o marionetas de un mundo de conspiraciones y malentendidos, un mundo donde los sentidos se pueden diluir, el espacio volverse ajeno y el tiempo dilatarse.
Las notas de columnas de prensa que se intercalan en la historia de Galip son bellísimas, como aquella que pinta una Estambul en la que se han secado las aguas del Bósforo y otra en la que se ofrece una suerte de meditación para dormir.
Entre las novelas de Orhan Pamuk, esta y Nieve son las que muestran de forma más plausible el desamparo, también son las historias en las que más aparecen los conflictos políticos de Turquía.



 

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